sábado, 8 de enero de 2011

capitulo 1


El sol brillaba brindando un día muy hermoso, el cielo se veía completamente despejado y por lo tanto era una de esas mañanas perfectas que no se repiten, aunque el día de navidad cualquier milagro puede  ocurrir y nunca hay tiempo para pensar en las tragedias que sin ningún aviso tocan a la puerta.

Era una navidad muy normal, mi hermano y yo  nos levantamos tarde y prendimos el televisor para ver las películas, en ese momento estaban pasando cuento de navidad en una de sus versiones modernas, cuando mama llego con el desayuno.
Mi mama se llamaba Marie y era muy hermosa, siempre le gustaba usar esos vestido largos de flores con un delantal encima, para preparar todas sus especialidades navideñas, se recogía el cabello y en sus ojos se veía la alegría de estar viviendo una época tan especial, además de su sonrisa que era capaz de iluminar cualquier lugar oscuro. Ella era muy feliz limpiando y adornando nuestra casa, para estas épocas En la entrada colocaba sus siempre graciosos tapetes dando una bienvenida navideña, además adornaba con guirnaldas toda la casa, el árbol ocupaba la sala de la casa era inmenso, con sus bolitas navideñas en su mayoría rojas, con las luces navideñas alrededor que prendían y apagaban, siempre me encantaba ver ese efecto mágico. Y siempre en la punta del árbol se encontraba la estrella dorada tan inalcanzable y tan majestuosa que podía verla por horas, imaginando que yo la colocaba en la punta.  Aunque en esta parte del país no cae nieve, en el patio trasero de la casa hay un camino de piedras muy pequeñas en las que con mi hermano nos tirábamos al suelo y empezábamos a hacer angelitos de piedra.

Después de desayunar con los postres, bajamos por la escalera al primer piso para abrir todos los regalos, había muchísimos y nuestro padre estaba con la cámara para grabar todas nuestras reacciones, aunque yo creo que era para que después las viéramos y poder recordar cada momento de nuestras caritas llenas de felicidad y de una sonrisa enorme. Mi padre se llamaba Justin, el era delgado y alto, tenía un gracioso bigote, y usaba gafas. El era un fanático de los animales y le encantaba ayudar a los animalitos; aunque también para estas fiestas le llevaba alimentos a los que no tenían nada.
Después de abrir los regalos, nos bañamos y cambiamos de ropa por que para el almuerzo toda la familia se iba a reunir.

Nuestra casa se llenaba de música alegre, olor a galletas y felicidad, los invitados fueron llegando y cuando menos me di cuenta ya no cabía ni una sola persona más, los adultos se reunieron en una mesa y los niños en otra. Mi hermano Lucas comió muchos dulces durante el almuerzo y se enfermó, todos nos dirigíamos al centro comercial a patinar pero mis padres tuvieron que quedarse a cuidar a mi hermano. Mi padre nunca fumaba pero estaba un poco preocupado por la fiebre que le aumentaba a mi hermano.

En el centro comercial todo fue mágico a la entrada había varios árboles navideños con luces encendidas  y varias marionetas moviéndose y cantando junto a los niños. En el segundo piso del centro comercial un mamut mecánico se movía y hacia ruidos. Las luces se cubrían el techo del centro comercial y todas las tiendas estaban adornadas, algunas con  nieve falsa.

Cuando volvíamos del centro comercial podía ver cerca de mi casa una luz completamente roja, y aunque aun estábamos lejos mi casa era la que más se notaba porque tenía muchos árboles y estos parecían encendidos.

De repente vimos luces y escuchamos las sirenas que sonaban, me empezaba a preocupar; íbamos en el auto de mi tío Raúl de repente  el acelero tenía una cara de preocupación y aunque yo no lo estaba llegue a asustarme.

Cuando llegamos mi casa estaba ardiendo, las llamas la consumían rápidamente y los vecinos habían avisado muy tarde a los bomberos. Han pasado siete años desde esa navidad que perdí a mi familia en un incendio provocado por uno de los cigarrillos que mi padre fumo en esa noche de preocupación, me abandonaron sin previo aviso. No lloré desde ese día pero una parte de mi fue arrancada.

El funeral fue simbólico sus cuerpos se calcinaron en el incendio y no quedo más que una fotografía, no llore pero me sentía como si estuviera en otro mundo uno donde lo que pasaba era una mentira.

Viví algún tiempo con mis tíos  pero yo no quería seguir viéndolos felices mientras mi vida era una porquería y finalmente a los dos años de estar viviendo con ellos  me dejaron en un internado y de esa forma solo los vería en vacaciones, porque en navidad me quedaba en aquel detestable lugar. Cada día me parecía una insufrible agonía, mi sonrisa desapareció y empecé a odiar ese día donde veía a todo el mundo ser feliz desde ese momento odie la navidad.

Cada navidad me quedaba en el cuarto mientras todos mis compañeros, se reunían a compartir y observar los regalos de cada uno.

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