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lunes, 18 de diciembre de 2017

Regresar a los lugares que fuimos felices

Regresar a los sitios en los que se estuvo en la infancia es como abrir un libro de recuerdos. Cada elemento trae consigo una imagen que parece olvidada y que sin embargo regresa tan vívida. Un golpe de alegría que en breve se convierte en nostalgia por el tiempo que ha pasado, por las personas que se han ido, porque ahora todo es tan diferente a como lo recordamos.  

Esto fue lo que sentí hace unas semanas al regresar a un sitio que de pequeño me asustaba y me fascinaba. Me asustaba porque había personas que en ese entonces tomaba por extrañas. Sus trajes tan diferentes a los que veía a diario, con sus cortes de cabello que no concordaban con el mío, el de mi hermano o el de mi papá. Me fascinaba verlos porque sus trajes eran coloridos, y me hipnotizaba su manera de hablar ya que lo hacían con una amabilidad que no desconocía pero que era extraña. 

Caminar por ese lugar me transportó a esos recuerdos que parecían estar encerrados en un cajón de mi memoria. Al comparar el lugar por donde caminaba y el lugar de mis recuerdos, sentí una decepción al ver ese mágico lugar tan solitario y silencioso pero a la vez sentí una paz y un gozo inexplicable. 

Esperaba encontrar el sitio atestado de personas, impregnado de los olores de la comida que de niño no me atrevía a comer y con la música que recordaba haber escuchado, esos sonidos que salían de sus gargantas pero que no lograba descifrar y que iban acompañados por los choques de las palmas de las manos de todos los que allí estábamos. 

jueves, 24 de agosto de 2017

21 de agosto

Mirábamos al cielo con entusiasmo, sonriendo e imaginando miles de cosas. Lo vi a C. corriendo, no tardó más de dos minutos, había ido por su teléfono móvil al piso de abajo, pero para el momento en que regresó, el arcoíris había desaparecido sin dejar rastro, ni siquiera tuvimos la certeza de lo qué ocurrió realmente.

Una publicación compartida de El Cuaderno de Chris (@chrisrey14) el

miércoles, 21 de junio de 2017

SLR

La primera vez que nos vimos fue en la universidad, no fue nada especial, compartíamos la misma clase pero nunca llegamos a cruzar palabra, es más, creo que nunca llegamos a notar la existencia del otro.

Fue en una clase de matemáticas que volvimos a coincidir y lo más extraño de todo es que en esa clase hablamos como si nos conociéramos. Me pareció extraño pero no le di importancia porque eso significaba que iba a tener clase con alguien a quien conocía, aunque no lo conociera.

Me he devanado los sesos pensando en que momento empezamos a compartir, en que momento nuestros conocidos empezaron a ser los mismos y el por qué terminamos en las mismas clases, pero no logró precisar una respuesta, tal vez debía ser así y punto. 

Hubo un acontecimiento que me hizo alejarme de él. Lo rememoro en este momento como un evento sin importancia pero que cuando ocurrió me pareció cruel y humillante. Creo que la forma en que lo asumí se debe a mi creencia de ver los actos como símbolos. 

Conviví con él por aproximadamente un mes y recuerdo esos días con cariño, fue durante un viaje en el que compartimos la misma casa, la misma cocina, el mismo baño. Creo que me alejé de él porque en el fondo sabía que él se alejaría de mi de cualquier manera. Tuve que empezar a humanizarlo para entender que como todos tenía defectos y que no era la persona perfecta. Empecé a odiarlo para poder alejarme y ahora me doy cuenta, luego de mucho tiempo, cuanto lo extraño. 

Extraño de él su inteligencia, el humor y su energía. Recuerdo como sonreía y las discusiones que teníamos, hasta de nuestras competencias. 

Comencé a escribir este post para decirle feliz cumpleaños pero han pasado muchas semanas desde su cumpleaños. 

jueves, 30 de marzo de 2017

29 de marzo

Aún en los entornos más violentos hay espacio para la bondad y el amor. 

 "- Diablos, lloro tanto que a veces siento que me volveré gotas". 

 Moonlight

miércoles, 22 de febrero de 2017

Anoche

Anoche tenía miedo de ir a dormir, anoche pensaba que iba a morir. Esta mañana al abrir los ojos pensé que cuando morimos es probable que no lo sepamos y continuamos viviendo como si lo estuvieramos. ¿Cómo saber si en realidad había muerto? 

lunes, 13 de febrero de 2017

Esto no es un poema

Quería escribirte un poema de esos que riman y en el que el autor se desagarra el corazón con cada palabra, pero recordé que no te lo mereces, no mereces que muera por vos. 

Recordé que a tu lado fui infeliz, que me moría de aburrimiento con cada historia que me contabas y que odiaba que siempre pensabas que todo giraba alrededor de ti. Recordé que estaba a tu lado para no sentirme solo.

Recordé que me sentía cada vez peor cuando te veía, odiaba de ti que nunca escuchabas y que no supieras que necesitaba caminar a tu lado sin decir ni una palabra, pero nunca te callabas. 

Esto no puede ser un poema porque desde que no estás me siento mejor, veo que el sol brilla y que el cielo es azul. Y más que nada, esto no es un poema porque nunca te amé.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Bloquear

Las redes sociales han modificado la forma en que socializamos. He visto casos de personas que no son capaces de hablar cuando tienen a alguien al frente, cara a cara, pero que cuando están en el chat son unos conversadores de primera categoría. 

En lo personal, no me gusta ni se me da bien chatear, soy de esos románticos que le encanta que lo inviten a tomar café y charlar por horas sobre cualquier tema (en especial si hablamos de libros y películas).

Hace unos días en una red social puse un mensaje donde hacía gala de una falsa indignación con un mensaje que había recibido en un vídeo, decidí compartirlo y en él hablar de unos puntos que son muy serios y que las personas deberían saber (parece tonto tener que aclarar esos puntos, pero es que hay personas que no se enteran), una especie de reglas y derechos que tengo en mis redes sociales (porqué son mías y así las manejo).

Lo que dije fue lo siguiente:

1. Nadie los obliga a ver mi contenido. 
2. No te pedí una sugerencia. 
3. Si vas a hacer una crítica que sea constructiva.

Hubo por allí un listillo que contestó mi mensaje. La cosa es que es una persona que se ha vuelto un pesado con sus comentarios, y lo tenía silenciado para evitar conflictos innecesarios y porque cuando ingreso a mis redes sociales lo hago para estar cómodo. Tomé la resolución de bloquearlo porque es estúpido ser tolerante con alguien a quién no soportas y porque en redes sociales existe esa opción. Es una pena que cara a cara aún no podamos bloquear a los pesados. 

domingo, 15 de enero de 2017

La risa

Reírse es una de las sensaciones más placenteras que conozco, probablemente se deba a que no es muy usual que me ría a carcajadas. Envidio a quienes ven cualquier meme chiste en redes sociales y se pueden reír con el contenido y el significado, yo los veo y no me genera risa, algunas veces finjo que me causa gracia porque la persona que me envía el meme o me lo muestra, es alguien a quién aprecio (Creo que es lo que esa persona espera de mi y sólo así siento que es una forma de complacerla). 

En Colombia existen algunos programas de humor de los que suelo pasar, los chistes que hacen acuden a lo fácil y lo simplista, a veces al uso de ambigüedades para hacer reír, en otras ocasiones en lo absurdo y lo ridículo, sea cual sea la razón, a mi me aburren esos programas, simplemente disfruto de otro tipo de humor.

En mi familia suelo reírme mucho, me gustan los juegos de palabras que hacemos, los dichos que pasan de generación en generación, las canciones que se cantan en el momento preciso para hacer reír. Creo que lo que más nos hace reír son esas anécdotas sin gracia que nos recuerdan nuestra historia en común, ese pasado que nos avergüenza, esas cosas de niños que nos recuerda el paso del tiempo.

En cuanto a los humoristas y graciosillos, no son de mi completo agrado, pero los dejo ser y admito que me encanta ver a las personas riendo con lo que dicen estos personajes tan singulares. 

martes, 10 de enero de 2017

Testigo

Hace unos días terminé de ver una serie que me recomendó una amiga. Está basada en una serie noruega, en las últimas semanas he notado que los noruegos tienen unos programas de televisión muy interesantes y muy de mi gusto. 

La serie se llama Eyewitness, se desarrolla en un pueblo llamado Tivoli, Philip es un chico que vive con una familia de acogida, Gabe y Helen. Helen es la alguacil del pueblo. Por otro lado tenemos a Lukas, quién vive con su padre,le gusta el motocross y a pesar de lo que intenta demostrar, es un chico sensible (a veces no lo parece). Un día Philip y Lukas se van juntos en la moto al bosque, el primero a grabar los trucos que hace el segundo. Ambos terminan en la cabaña del padre de Lukas, se van a beber a escondidas y hablar de las piruetas (no le hallé mucho sentido a eso, pero quién soy yo para juzgar). 

Philipe le confiesa a Lukas que es gay e intenta besarlo, sin embargo, Lukas lo rechaza y luego es él quien decide besar a Philipe. La escena se torna intensa para ambos pero se ven interrumpidos por un auto que llega a la propiedad. Los chicos se esconden y observan que llegan cuatro hombres, a uno de ellos lo sacan del baúl del carro. En la cabaña presencian como el hombre del baúl mata a los otros tres hombres. Lukas y Philipe logran escapar de la cabaña tras noquear al asesino. Ellos dos prometen no decir ni una sola palabra de lo acontecido porque eso sería rebelar dónde y qué estaban haciendo en la cabaña.

Philip (izquierda) y Lukas (derecha)
Esta serie cuenta con diez capítulos en su primera y hasta el momento única temporada, a lo largo de esta vamos conociendo poco a poco a cada uno de los personajes que interviene. Conocemos el pasado de Helen y entendemos a este personaje que durante la mayor parte de la serie me desconcertó por su métodos y manías. Conocemos a Lukas y su miedo a hacer frente a lo que siente y las maneras en que intenta ocultarse, lo manipulador que es y hasta sus miedos (el actor que lo interpreta le mete mucha animo a la actuación pero a mi no me termina de convencer). Conocemos por supuesto a nuestro asesino, quién es un personaje muy complejo dentro de su simplicidad. 

Esta serie no trata simplemente sobre los chicos y el asesinato en el que están inmiscuidos, gira en torno a temas como la adolescencia, lo difícil que resulta aún el amor entre personas del mismo sexo (a pesar de que se supone que superamos la edad media hace unos cuantos años), sobre la familia, la confianza, el pasado y la redención. 

La serie me gustó porque desde el principio sabemos que los protagonistas son homosexuales y es necesario tener más personajes así, que sean protagonistas. Un plus de la serie es que te dan muchos datos para ir atando cabos e intentar comprender que es lo que pasa, en algunos momentos se vuelve frustrante pero los últimos capítulos están llenos de emoción. El final me ha encantado (algo a lo que no estamos acostumbrados)

lunes, 9 de enero de 2017

Noche

Había muchas luces encendidas pero pocas personas, caminé un poco más aprisa mientas me acariciaba los brazos con mis manos para entrar en calor, era una noche fría de esas en las que parece que el mundo se ha tragado a todo y a todos. Debía caminar hasta el paradero que quedaba a cuatro calles. Un desasosiego me invadía y la tristeza se apoderaba de mi. Cuando miraba mi reflejo en las ventanas de las casas, veía a un desconocido en mi cuerpo, unos ojos apagados, unos labios me mostraban una sonrisa falsa, de esas que intentan mostrar alegría pero que en el fondo están cargadas de penas. 

Ese día me había levantado temprano, me desperté cuando aún estaba oscuro, no quería hacerlo, odiaba ir a ese trabajo, odiaba a los dueños de la empresa, odiaba a mis compañeros. A pesar de todo me gustaba el silencio de la oficina cuando estaba solo, o la hora del almuerzo en que salía a caminar. Disfrutaba cuando me envían a algún lugar porque aprovechaba para caminar por la ciudad, gastaba horas caminando. Una vez caminé desde el aeropuerto hasta la oficina, fueron horas en las que me embriagaba con el ruido y los olores de la ciudad, me sentía libre y feliz, sin cargas ni penas. 

Durante todo el día sentía un frío que calaba en mis huesos, usaba una chaqueta bajo mi uniforme de trabajo. A veces salía al patio a tomar el sol en un intento por calentarme pero nada parecía funcionar. Me sentía en ese sitio incomodo, fuera de lugar, una parte de mi me había abandonado. Me sentía desdichado. 

Ese día había llorado como cuando era niño, las lágrimas corrían por mi rostro sin poderlas detener, desde mi garganta se iba formando un nudo que quería salir en forma de grito, si lo hubiera hecho me habría sentido libre pero lo ahogué en forma de llanto y jadeos, mis rodillas tocaron el suelo,  la fuerza me abandonó, me abracé a mi mismo como mi madre lo hacía cuando tenía miedo a ir a dormir, me quedé allí por horas. 

Unos días antes había llorado igual, pero la diferencia era que alguien me había visto. S se ofreció ese día a llevarme hasta la parada del autobús, cuando me bajé del carro y me senté a esperar, él seguía allí mirándome, abrió la puerta del carro de nuevo y me llevó hasta donde me dejaba el bus, por primera vez vi en él una pizca de humanidad, de bondad que necesitaba en mi vida.

Esa noche no estaba S. ni Y. el mundo me había abandonado. Seguí caminando mientras recordaba, mientras la ciudad me tragaba en su oscuridad, mientras me consumía en mi propia oscuridad...

domingo, 8 de enero de 2017

Familias

Hace unos días veía una serie de televisión estadounidense. Una de las protagonistas era una madre de mediana edad que disfrutaba del sexo, de cocinar, una mujer compulsiva y agorafóbica. Su marido, un hombre profundamente religioso, cree que la enfermedad de su mujer es una actuación, y su hija le avergüenza porque disfruta de su sexualidad y su propio cuerpo, así que un buen día decide irse de casa. 

Madre e hija disfrutan de la ausencia de este hombre. Ambas continúan su vida, la madre encuentra a otro hombre, este tipo es un vividor y un mentiroso pero se adapta a la vida de estas mujeres para estar cómodo y no esforzarse o trabajar. un día el marido regresa a vivir en el sótano, e intenta arreglar las diferencias con su hija y su ex-mujer, y empiezan a coexistir en el mismo espacio ellos cuatro.  

Lo que más tristeza me produjo de esta familia fue una escena en la que ésta mujer está intentando dar pasos fuera de la casa porque hay una reunión de padres en la escuela y ella quiere ir a escuchar lo que dicen los profesores de su hija. Sin embargo no logra salir de casa, porque la vida es así, a pesar de todo el esfuerzo, algunas cosas no se logran. Por lo que se ve en la serie, esta mujer ama a su hija profundamente y aunque no quiere decepcionarla, ni dejarla sola, su problema es más profundo. 

Hoy durante la mañana, mientras me bañaba pensaba en esa escena, en esa familia y a la vez pensaba en otra familia, la del libro que estoy leyendo. Una familia con un padre que ante la sociedad es la representación de la bondad, lo justo, el hombre tocado por la piedad y la santidad, pero que en el interior de su familia es un completo monstruo porque arrancó de la vida de su familia el amor, las risas, la libertad y la compasión, y lo sustituyó por una fe inhumana. 

Decía Tolstoi que todas las familias felices se parecen entre si, pero las familias infelices lo son todas a su manera. Pienso hoy en mi familia, en las charlas, las risas, los malentendidos, las discusiones y se me vienen a la cabeza las miles de familias en las que he vivido, los miles de niñas o niños que he sido, los cientos de padres y madres que he representado. 

domingo, 1 de enero de 2017

Diciembre

Desde que tengo memoria siento una aversión por diciembre con sus festividades sin sentido. Y es que desde octubre se puede ver en los escaparates de las tiendas las decoraciones y los colores propios de esta fecha o por lo menos en Colombia es una avalancha de calaveras y brujas que comparten espacio con renos, estrellas y el gordo Santa Claus en sus diferentes versiones. 

Poco a poco las tiendas se encargan de traer árboles de diferentes estilos o colores, adornos de lo más variopintos y veo a las personas preocupadas por adornar las fachadas y el interior de sus casas con esos elementos que solo ocultan la triste realidad, qué su casa no es un hogar de paz y tranquilidad, e intentan llenar el vacío, la tristeza, la soledad y rencillas que están allí palpables con elementos coloridos y brillantes, con la música decembrina y drogando sus sentidos con todo tipo de alcohol, creyendo que así unen a su familia.

¿Soy solo yo el que siente la falsedad de ese mes?  es como si los colores, rojo y verde, con su espectro inundaran mi cerebro de un aletargamiento y viera en los rostros sonrientes de las personas, la ponzoña de la mentira, personas que durante todo el año se la han pasado siendo infelices y haciendo infelices a los demás. Veo en sus rostros la preocupación por mostrar en redes sociales las fotografías de su familia con rostros sonrientes y como si en realidad quisiéramos a todos los que se reúnen.

Me sienta fatal mentir, y más aún decirle a alguien que me alegra verle cuando en realidad me alegra no verle, no compartir el mismo espacio ni respirar el mismo aire de una habitación. Me enferma que crean que tengo una especie de amistad cuando en realidad hace mucho que siento tranquilidad por no verle, ni hablarle, ni escucharle las estupideces que salen de la boca de esas personas. 

Mi diciembre estuvo tranquilo, entre libros y películas. Compartiendo el desayuno, el almuerzo y la cena con las personas con las que me siento libre y a gusto, conversaciones sobre temas de mi interés, sin el peso de las redes sociales porque son esos momentos tan únicos que pedir una fotografía o grabar sería prostituir un agradable momento por me gustan de personas que ni conocemos, ni nos interesa conocer. 

Este diciembre fue el mejor porque celebramos sin regalos ni opulencia innecesaria, porque unimos a la familia sin excusas o motivos como la fiesta, el ruido y los tragos, porque todos nos escuchamos y reímos, vimos películas, cocinamos, porque estuvimos en familia. 

P.D: No hubo fotografías porque la pasamos tan bien que olvidamos el requisito de hacerlas para publicar y ponerlas en la palestra pública de las redes sociales.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Cazadores de sombras: Ciudad de Hueso

Portada del primer libro de la saga 

Hace unas semanas vi una serie que en redes sociales causó furor, no suelo dejarme llevar por lo que dicen las personas en redes sociales pero en este caso decidí ver la serie. Se trata de Cazadores de Sombras (Shadowhunters), una serie aburrida y que no me generaba interés, basada en una serie de libros escritos por Cassandra Clare, sin embargo seguí viéndola porque hubo dos personajes que me llamaban la atención por su desenvolvimiento (eso y que todos los actores de la serie están bien guapos). Magnus Bane, un poderoso brujo, y Alec Lightwood, un cazador de Sombras. Entre estos dos personajes se siente una tensión y una química, un coqueteo irreverente, que simplemente quedé atrapado. Es triste decir que la primera temporada se sostiene por la relación de Magnus y Alec - Malec- pero esa es la verdad (y sinceramente no es triste) y creo que todos los que vieron la serie estarán de acuerdo conmigo.

Malec en la serie Shadowhunters
La serie me generó tanta curiosidad por estos dos personajes que decidí hacer lo impensable, leer la saga para conocerlos y saber como se desarrolla esta relación en los libros. 

El primer libro nos muestra pequeños detalles de los personajes que me interesan (específicamente de Malec) pero se centra en Clary y Jace (que personajes tan sosos y aburridos). No ha sido una decepción este libro porque no tenía expectativas altas con lo que iba a encontrar (de hecho me encontré con lo que sabía que iba a encontrarme). Ahora entiendo porque la serie es aburrida, el libro no es mejor. 

Por cierto, me encanta que mis personajes favoritos sean gay/bisexual, es que además me llegan directo a los sentimientos inexistentes que poseo y es una muestra de los pasos que está dando la literatura juvenil por mostrarnos la diversidad. 

Por otro lado olvidé por completo el vinculo Parabatai, que suena un poco a la impronta en Crepúsculo, sin embargo en este caso me gusta que se trata de una amistad, casi de un contrato en el que están dispuestos a dar la vida.

Es una pena que esta pareja pase a segundo plano y que sus apariciones sean poco frecuentes, sin embargo cuando aparecían mi expresión era:


martes, 13 de diciembre de 2016

Sobre el tráfico y el pasado

Durante todo el día no me pude sacar de la cabeza la noticia de ayer. Me parece aún increíble que C. nos haya abandonado, tuve aún más tiempo para pensar sobre ello en el bus porque el tráfico me mantuvo algunas horas encerrado en ese cajón metálico.

Ayer justo antes de enterarme de la noticia, recibí algunos mensajes de unos amigos a los que estimo, sin embargo, mas que alegrarme creo que me sentí triste, durante mucho tiempo nos separamos, dejamos de hablar y vernos, continuamos con nuestras vidas, y tras la trágica noticia es cierto que debemos reunirnos. En mi caso no quiero hacerlo porque el yo de este momento no se siente preparado, me he convertido en algo que no esperaba, alguien que no quería ser y que ahora soy. 

Me produce dolor esa verdad, no estoy preparado.   

lunes, 12 de diciembre de 2016

La muerte...

No era muy cercano a C. Nos conocimos en la universidad por amigos en común, quiero pensar que era el destino conocernos. A pesar de ser parecidos, eramos muy opuestos, él estaba lleno de vida, energía, de risas y palabras, por mi parte estaba lleno de una felicidad melancólica, de muchos silencios y de pocas palabras.

Hace unos cuantos minutos me enteré de su partida en extrañas circunstancias. sentí que algo en mi interior se quebraba ¿Por qué alguien tan joven? ¿Por qué alguien tan lleno de vida?  ¿Por qué alguien que a su paso sembraba alegría? NO PUEDO CREERLO, él tenía mucho por hacer, mucho por vivir. 

Me aterra esta noticia. Me siento muy triste.

Tu amistad

Mariposa en origami, foto archivo personal de Chris
Me empecé a alejar desde el momento en que nos conocimos. Ese día que nos sentamos a tomar té, a reír con tus chistes y tu sentido del humor, desde ese momento supe que íbamos a llegar a esto. Me sentía solo y había cerrado puertas de mi pasado que me estaban ahogando. ¿Sabes? no suelo ser constante en mis relaciones, una parte de mi siente que no ama a los demás, soy alguien que disfruta de la compañía. Relaciono mi amistad con una cárcel, como si estuvieramos en una celda y todos los presos contáramos nuestras historias, para ir despidiendo a todos los que quedan libres, sin conocer su paradero posterior, y darle la bienvenida a los nuevos reclusos.

No fui del todo sincero, ¿Acaso lo fuiste tú? A medida que nos conocíamos descubrí que no eras quién decías ser, tal vez eras el reflejo de mi porque mentí sobre algunos aspectos de mi vida, quería que confiaras en mi, quería confiar en ti. Supongo que esa falta de sinceridad lo arruinó todo. ¿Por qué no podíamos hacerlo? En el fondo vimos en el otro a un viajero errante que vaga de ciudad en ciudad, de persona en persona sin saber que está buscando realmente. 

Me sentía incómodo a tu lado cuando estábamos en grupo, quería estar con todos y tu querías que todos estuvieramos contigo. Odiaba que tus dramas permearan mi visión de la realidad, detestaba esa falta de seguridad cuando sabías que eras un diamante, me corroía que intentaras ser quién no eras y me enojaba que nunca pude corresponder a tu amistad. Buscabas a alguien incondicional, alguien que no soy yo. Yo buscaba con quien compartir mis lecturas, los poemas, hablar de películas, disfrutar de la música, salir a caminar y sentarnos en un parque , yo buscaba a alguien que no eras tú. 

Con el tiempo sentía que me arrastrabas a terrenos que no quería conocer, tu amistad me pesaba, me hundía y un buen día lo comprendí y me alejé. Quiero recordarte con una sonrisa en el rostro.  

martes, 12 de julio de 2016

Empezar de nuevo

En un arrebato de locura decidí pasar la página de mi vida. Destruir el pasado que atormentaba y transgredía la tranquilidad de mi alma. Tomé  mi diario y le prendí fuego a todas las páginas en las que había escrito los momentos más importantes. Cómo si el pasado se resistiera, el fuego se extinguía sin causar el más leve daño, me invadía un desasosiego que me hacía encender la llama con más ahínco. 

El Fuego consumiendo una las hojas de mi diario.
Poco a poco el fuego se expandió, el humo llenaba la cocina, sentía el calor del fuego cerca de mi piel. El sonido de las hojas cediendo a la fuerza arrolladora y purificadora de la llama llenaba mis oídos, parecía ser el lamento de mi voz, esa que se perdía cada segundo con cada palabra que el fuego iba borrando, porque parece que la única manera de borrar el pasado es prendiéndole fuego. 

El gran problema con borrar el pasado con fuego, es que deja tras de si un hedor que tarda tiempo en desaparecer y quienes entran en tu vida, pueden sentirlo.